Apuestas políticas del feminismo decolonial
El feminismo decolonial es más que una corriente teórica; es una apuesta política viva que nace del dolor, la resistencia y la necesidad de justicia. No busca simplemente cuestionar el patriarcado, sino desmontar las múltiples estructuras de poder que han oprimido a los pueblos racializados desde la colonización. Su mirada va más allá de la desigualdad de género porque entiende que las opresiones no actúan de manera aislada. El capitalismo, el racismo, la explotación de la tierra y la imposición de un único modelo de conocimiento están profundamente entrelazados con las violencias que sufren las mujeres racializadas en América Latina.
Por eso, sus apuestas políticas son claras: despatriarcalizar y descolonizar el género, luchar contra el racismo estructural, recuperar los territorios y los saberes ancestrales, y exigir justicia para quienes han sido despojadas históricamente.
1. Despatriarcalización y descolonización del género
Una de las ideas más poderosas del feminismo decolonial es que el género, tal como lo entendemos hoy, es una imposición colonial. María Lugones (2010) explica que, antes de la colonización, muchas comunidades indígenas y afrodescendientes no tenían la rígida estructura binaria de género que Europa impuso. En varias culturas originarias existían roles mucho más fluidos y menos jerárquicos, pero con la llegada del colonialismo, se impuso un modelo en el que las mujeres racializadas fueron situadas en la base de la pirámide social.
En respuesta, el feminismo decolonial propone la despatriarcalización, es decir, eliminar las estructuras de poder que subordinan a las mujeres y a las personas con identidades de género disidentes, pero también la descolonización del género. Esto significa romper con los marcos occidentales impuestos sobre los cuerpos racializados y reivindicar formas propias de ser y existir. Por ejemplo, el feminismo comunitario en Bolivia, impulsado por Julieta Paredes (2010), insiste en que la lucha feminista debe ir de la mano con la resistencia indígena y la defensa de la vida en comunidad. En este sentido, no se trata solo de alcanzar igualdad en los términos de la modernidad occidental, sino de reconstruir los tejidos de vida que fueron destruidos por la colonización.
2. Antirracismo y lucha contra la colonialidad del saber
El feminismo decolonial ha sido una voz crítica contra la forma en que el feminismo hegemónico ha invisibilizado a las mujeres racializadas. Durante mucho tiempo, las narrativas feministas dominantes fueron construidas desde una perspectiva blanca, de clase media y con una visión liberal de la autonomía. Se hablaba de derechos, de igualdad y de acceso a espacios de poder, pero ¿qué pasaba con las mujeres indígenas, afrodescendientes y campesinas que no encajaban en ese modelo? Yuderkys Espinosa Miñoso (2014) cuestiona esta tendencia y nos invita a pensar en un feminismo que no sea solo para unas pocas, sino para todas, partiendo de sus propias realidades.
Esto implica romper con la colonialidad del saber, es decir, con la idea de que solo el conocimiento producido en Occidente tiene valor. Durante siglos, los saberes ancestrales de los pueblos indígenas y afrodescendientes han sido negados, mientras que el conocimiento científico europeo se ha impuesto como la única forma legítima de entender el mundo. El feminismo decolonial desafía esto al recuperar las formas de pensamiento y organización propias de las comunidades racializadas. En palabras de Rita Segato (2016), esto significa devolver la voz a quienes han sido históricamente silenciadas y construir una epistemología feminista que parta desde el Sur Global.
En términos políticos, esto se traduce en la exigencia de reconocimiento de las epistemologías indígenas y afrodiaspóricas, la autonomía del feminismo decolonial respecto a los discursos impuestos por organismos internacionales y la denuncia del racismo estructural en las políticas públicas. No se trata solo de hablar de inclusión, sino de cambiar radicalmente las estructuras que perpetúan la exclusión.
3. Defensa del territorio y crítica al capitalismo extractivista
Para el feminismo decolonial, la lucha por el territorio es también una lucha feminista. El capitalismo, en su avance implacable, no solo ha despojado a los pueblos indígenas y afrodescendientes de sus tierras, sino que ha mercantilizado los cuerpos racializados, convirtiéndolos en territorios de explotación. Las mujeres indígenas y campesinas han denunciado que el modelo económico basado en la extracción de recursos naturales no solo destruye el medio ambiente, sino que también reproduce violencias de género.
El feminismo comunitario boliviano ha acuñado la idea de que el cuerpo de la mujer y el territorio están directamente conectados: ambos han sido invadidos, explotados y violentados por los mismos sistemas de poder (Paredes, 2010). En respuesta, muchas mujeres han liderado resistencias contra megaproyectos mineros, hidroeléctricos y agroindustriales que afectan sus comunidades. Movimientos como la Marcha de Mujeres Indígenas en Brasil y Bolivia han sido ejemplos de esta lucha, reclamando no solo la defensa de la tierra, sino también el derecho de las comunidades a decidir sobre su propio futuro.
4. Justicia reparativa y memoria histórica
El feminismo decolonial también tiene una fuerte apuesta por la justicia reparativa. Las mujeres racializadas no solo han sido víctimas de las violencias actuales, sino que cargan con el peso de siglos de colonialismo, esclavitud y violencia estatal. Rita Segato (2016) argumenta que las violencias de género en América Latina no pueden entenderse sin considerar esta historia de opresión.
Por ello, el feminismo decolonial exige reparaciones históricas para las mujeres afrodescendientes e indígenas, el reconocimiento del impacto del colonialismo en sus vidas y políticas concretas de justicia. Pero más allá de la reparación material, también hay una lucha por la memoria. Movimientos afrofeministas han trabajado en reconstruir las historias de resistencia de las mujeres esclavizadas y racializadas que han sido borradas de los relatos oficiales.
Además, se busca una justicia interseccional, que no solo aborde la violencia de género, sino que también integre la lucha contra el racismo y el clasismo. En este sentido, el feminismo decolonial no se conforma con pequeñas reformas: quiere transformar la manera en que entendemos la justicia, para que responda realmente a las necesidades de quienes han sido históricamente marginadas.
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