Problemáticas históricas y regionales a las que se enfrenta el feminismo decolonial
El feminismo decolonial no solo es una corriente teórica, sino una praxis política que ha emergido en respuesta a una serie de problemáticas profundamente arraigadas en la historia y las estructuras sociopolíticas de América Latina. A diferencia de otros feminismos que han centrado su lucha en la igualdad formal dentro de los Estados-nación modernos, el feminismo decolonial reconoce que la opresión de las mujeres racializadas no puede comprenderse sin analizar la intersección entre género, raza, clase y colonialidad (Lugones, 2010). A lo largo de la historia, las mujeres indígenas, afrodescendientes y campesinas han sido sometidas a múltiples violencias, desde el colonialismo y la esclavización hasta el despojo territorial y la explotación capitalista. En este contexto, el feminismo decolonial se enfrenta a una serie de problemáticas históricas y regionales que han configurado las condiciones de vida de estas mujeres en la actualidad.
1. La colonialidad del poder y el legado del colonialismo
El feminismo decolonial parte del reconocimiento de que la colonización no fue solo un evento histórico, sino un proceso que sigue vigente a través de lo que Aníbal Quijano (2000) denominó "colonialidad del poder". Esto significa que, aunque los países latinoamericanos lograron su independencia política en el siglo XIX, las estructuras de dominación impuestas por el colonialismo siguen operando en las relaciones económicas, políticas y sociales.
Las mujeres indígenas y afrodescendientes fueron situadas en la base de la pirámide social desde la invasión europea. Fueron esclavizadas, explotadas en las haciendas y reducidas a roles subordinados en la naciente sociedad colonial. Esta herencia se mantiene en el presente a través de la marginalización sistemática de sus comunidades, la falta de acceso a derechos básicos y la imposición de modelos de desarrollo que no responden a sus necesidades. Como señala Segato (2016), la colonialidad de género se manifiesta en la forma en que el sistema actual sigue considerando a las mujeres racializadas como cuerpos disponibles para la explotación económica y la violencia.
2. Racismo estructural y exclusión social
El racismo es una de las problemáticas centrales que enfrenta el feminismo decolonial. América Latina, a pesar de su discurso de mestizaje e inclusión, sigue siendo profundamente racista. Las mujeres indígenas y afrodescendientes enfrentan mayores niveles de pobreza, menor acceso a la educación y la salud, y mayores tasas de violencia de género en comparación con las mujeres blancas o mestizas (CEPAL, 2015).
El racismo estructural se manifiesta en múltiples formas: la negación de la identidad afro e indígena en los censos nacionales, la falta de representación en los espacios de poder, la discriminación laboral y la criminalización de los movimientos de resistencia. En países como Colombia y Brasil, las mujeres afrodescendientes han denunciado que la policía y los grupos armados las someten a niveles desproporcionados de violencia, lo que refuerza la idea de que sus vidas son menos valiosas para el Estado (Comisión de la Verdad, 2022).
Además, la lucha por el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural sigue siendo un desafío. En muchos países, las políticas públicas siguen basadas en modelos occidentales que no reconocen los saberes y prácticas comunitarias de los pueblos indígenas y afrodescendientes. El feminismo decolonial, por lo tanto, se enfrenta a la tarea de desmontar estas estructuras racistas y exigir políticas de justicia social que respondan a las realidades de estas mujeres.
3. Despojo territorial y extractivismo
El despojo territorial es otra de las problemáticas más graves que enfrenta el feminismo decolonial. Desde la colonización, los territorios indígenas y afrodescendientes han sido objeto de saqueo y explotación. En la actualidad, este proceso continúa a través del extractivismo, la expansión de megaproyectos y el desplazamiento forzado.
Las mujeres han sido las más afectadas por esta dinámica. El avance de la minería, la agroindustria y los proyectos de infraestructura ha significado no solo la destrucción de sus territorios, sino también el incremento de la violencia de género. En muchas regiones, la militarización de los territorios indígenas ha traído consigo un aumento en los casos de violaciones y feminicidios, perpetrados tanto por fuerzas estatales como por grupos armados ilegales (Comisión de la Verdad, 2022).
El feminismo decolonial se enfrenta a la difícil tarea de resistir estas formas de despojo y defender la soberanía de los pueblos sobre sus tierras. Esto implica no solo la lucha legal por el reconocimiento de los derechos territoriales, sino también la resistencia activa a través de movilizaciones y procesos organizativos. Ejemplo de ello es la lucha de las mujeres garífunas en Honduras, quienes han enfrentado la violencia del Estado y las empresas transnacionales en defensa de sus territorios ancestrales (Cabnal, 2010).
4. Violencias de género interseccionales
Las mujeres racializadas no solo enfrentan violencia de género en términos convencionales, sino que esta violencia está atravesada por el racismo, la pobreza y la exclusión. Los feminicidios de mujeres indígenas y afrodescendientes suelen ser invisibilizados por los Estados, lo que refuerza la impunidad y la desprotección de estas poblaciones. Además, los cuerpos de las mujeres racializadas han sido históricamente objetivados y utilizados como botín de guerra en los conflictos armados.
Un ejemplo claro de esto es el caso de las mujeres indígenas en Guatemala, quienes fueron víctimas de violencia sexual sistemática durante el conflicto armado interno (CEH, 1999). En Colombia, la Comisión de la Verdad (2022) ha documentado cómo las mujeres afrodescendientes han sido blanco de violencias específicas, debido a la combinación del racismo y el conflicto armado. Estas realidades muestran que la violencia de género no puede analizarse de manera aislada, sino que debe abordarse desde una perspectiva interseccional que tenga en cuenta las múltiples opresiones que atraviesan a estas mujeres.
5. Invisibilización en el feminismo hegemónico
Una de las críticas más fuertes del feminismo decolonial es que los feminismos hegemónicos han tendido a invisibilizar las luchas de las mujeres racializadas. Durante mucho tiempo, el feminismo blanco y liberal ha centrado su agenda en temas como la igualdad salarial, la representación política y la autonomía individual, sin cuestionar las estructuras de poder que afectan de manera diferenciada a las mujeres indígenas y afrodescendientes (Espinosa Miñoso, 2014).
Este problema se evidencia en la manera en que se han diseñado muchas políticas de género en América Latina. Por ejemplo, las leyes contra la violencia de género suelen estar pensadas desde una perspectiva urbana y occidental, sin tomar en cuenta las realidades de las mujeres que viven en contextos rurales o comunitarios. En este sentido, el feminismo decolonial ha tenido que luchar no solo contra el patriarcado y el racismo, sino también contra la exclusión dentro del propio movimiento feminista.
Comentarios
Publicar un comentario